Unas palabras

Por si no nos vemos capaces el día de la boda, hemos decidido dedicarnos unas palabras aquí para compartirlas con vosotros.

Jorge



Me gustaría empezar estas palabras reflexionando acerca de los discursos que, tradicionalmente, nos gusta dar en un día tan especial como es el veintinueve de junio de dos mil veinticuatro. Sin ahondar mucho en el tema, estaremos todos de acuerdo en que, durante el tiempo que trabajas en ellos, pones todo tu empeño, para ordenar y explicar todos los sentimientos que tienes por esa persona que hace que tu rueda gire en el sentido correcto y a la velocidad adecuada. La misma que, hace unos años, apareció en tu vida y puso tu mundo patas arriba, cambiando la A por la B y haciendo que todo tuviera una sintonía diferente, mejor. No es preciso enumerar todas esas cosas que hacen que te persiga a donde quiera que vayas, pero quiero remarcar que todas y cada una de ellas hicieron de aquel atardecer en la playa de Santa Mónica, un recuerdo imborrable. Si tuviera que ponerle un título de comedia romántica a ese momento, sería sin ninguna duda: “Tú, yo, una riñonera de Nike y un Cartier”. Recuerdo esa cena como algo no muy especial y es que, siendo justos, refleja nuestra propia esencia: nos queremos sin importar el donde o el como, ya sea en un hotel de cinco estrellas a las faldas del Mont Blanc o en una cabaña de árbol en el Algarve.

Bien, si no me equivoco, juraría que llegado este momento toca hacer una pequeña pausa para remarcar todos esos “te quiero pese a…”. Sinceramente, pienso que lo realmente importante de todo esto es el saber leer entre líneas, entender que todo esos “pese a…” ponen de manifiesto lo mucho que te quiero, ya que consiguen sacar la mejor versión de mí mismo; así que, sí, lo digo, los adoro. Es cierto que a veces se traducen en discusiones, pero oye, que levante la mano quien nunca haya discutido por la posición de los cubiertos en un friegaplatos o la manía de guardar las llaves en su sitio. 

Algo que no puedo dejar de mencionar y que, considero uno de mis más bonitos recuerdos, es el inicio del porqué de esta nueva andadura. Y es que si el mundo es un pañuelo, quedó patente el día que te conocí, un quince de agosto en las fiestas de mi querido pueblo. Llámalo destino o casualidad, pero sabía que te conocía: la chica del metro, aquella que iba siempre camino de la universidad en el primer o segundo vagón de la línea 10. Evidentemente, cuando te confesé esto, tus palabras fueron: “pues yo no te conozco de nada” (no será la última vez que usarías esta frase en el futuro). A veces me pregunto lo curioso que es el destino, nos unió en un vagón del Metro de Madrid y poco a poco fue entrelazando nuestras vidas, convirtiendo todos esos pequeños nudos en una nueva y única ligadura, más fuerte y capaz de todo.

Es momento de sumar un nuevo capítulo a esta aventura y, desde luego, sé que he escogido a la persona indicada para hacerlo. Te quiero

Sara

Qué curiosos son los destinos cruzados, en nuestro caso, un agosto caluroso en una plaza de pueblo. Te vi entre tanta gente y me gustaste desde ese instante. Vamos a llamarlo "atracción a primera vista", porque creo que el amor es algo más profundo y trabajado.
Lo nuestro fue un comienzo sin prisa, respetando mis ritmos, conquistándonos con calma.
Poco a poco conocí al Jorge artista, al friki de la historia (nuestra lista de castillos y palacios visitados es infinita), al marchante de arte, al coleccionista de monedas y aparatos de Apple. Y aunque choque un poco con mi filosofía Marie Kondo, hemos alcanzado un punto intermedio bastante guay, en el que me has convencido de que algún día seremos ricos gracias a tanto trasto ;)
Y ahora hablando un poquito más en serio: Jorge, te elegiría una y mil veces, porque eres hogar para mí en cualquier rincón de este planeta, eres mi refugio en los momentos difíciles y cuando me abrazas, podría estar ardiendo el mundo entero, que no tendría miedo. Confío en ti más que en nadie porque contigo las cosas siempre salen bien, tienes ese don.
Adoro nuestros fines de semana de pizza, peli y cosquillas, nuestros viajes por todo el mundo con bromas que nos dan para reírnos durante todo el trayecto. Disfruto de cada momento sencillo que me da la vida a tu lado. Pero las relaciones largas, además de amor, necesitan de conversaciones poco agradables; otras veces de apoyo y comprensión, de desacuerdos y sobre todo de ir creciendo juntos, e incluso todo esto ha sido sencillo contigo. 
Yo creo que esta aventura nuestra no se nos ha dado mal hasta ahora, así  que estoy deseando ver qué somos capaces de construir juntos en esta nueva etapa. Te quiero.

La claridad de una respuesta (Elvira Sastre)

Esto es lo que puedo ofrecerte:
Muchas dudas, ideas fijas y muchos lamentos,
el universo
que cambie de forma según lo mire.

Esto es todo:
la prisa y la calma, ganas de hacerte reír
sin saber por qué y ser así, incierta,
cambiante, una enredadera que crece por tus paredes
cuando sales de la habitación.

Esto soy:
luz cuando la apago, fuego cuando me enciendo,
sielencio frente al ruido, angustia cuando el tiempo avanza
más rápido que yo y no consigo alcanzarlo.

Esto que ves es lo que existe:
una lucha constante entre mis dos orillas
en la que nadie vence nunca.

Esto es lo que tengo para darte,
y es que a pesar de mí,
de los nudos y de la incertidumbre en la que vivo,
quisiera que te quedaras cerca
porque eres quien acierta mis respuestas,
porque posas tu mano en mi pecho así, tan segura,
y me dejas dormida como sólo tú sabes, 
y me cierras la ventana cuando me olvido del frío,
y consigues que encuentre lo único que tengo claro en mi vida,
esto que también te ofrezco, que también es todo,
que también soy y que también existe cuando me ves:
este amor tan sano, 
tan indiscutiblemente mío, tan afortunadamente nuestro,
este amor que también quiero darte,
este amor que no deja nunca de seguir buscando

motivos para encontrar tu risa.